La Super Toga de Miguel Antonio
La Corte Suprema de Justicia de Panamá encontró la solución para purificar su prestigio en un recurso que data del primer siglo de este mundo: La Toga.
Ocho de los nueve Magistrados que conforman el Pleno de la Corte, consideraron que enrollarse de tela de los tobillos hasta el cuello, cual vampiro “les daría mayor solemnidad y realce a diversos actos ceremoniales”.
Este marketing de ultratumba, con 21 siglos de retraso, merece casi por obligación un ánalisis del detractor más incisivo del Órgano Judicial de nuestro país.
Es mediodía y el tráfico arde más que el sol de pascuas en la Vía Argentina. Miguel Antonio Bernal espera ansioso mi primera pregunta, con un sudado vaso de agua en el borde de una mesa del Manolo. El sarcasmo se le escapa por los dientes. Está listo para su ataque.
¿Es la Toga una solución a los problemas de la Corte Suprema de Justicia?.
"No, definitivamente que no. Hay un viejo refrán que dice que aunque la mona se vista de seda, mona se queda y aquí se aplica perfectamente bien. En donde se ha visto que el hábito hace al monje; se ve que lo distingue, pero eso hay que ganárselo".
Ganarse el prestigio es precisamente el aspecto más complicado de esta renovación del sistema, porque la justicia necesita de urgencias una reestructuración absoluta y no de una toga, sentencia la metralleta del controversial jurista.
“Con cada acto de estupidez pisotean la justicia, el debido proceso, la presunción de inocencia, se alian para perseguir a los más débiles para favorecer a los más poderosos, aplazan casos en donde tienen interéses, dejan que se quemen tribunales y botan de acuerdo a lo que ordene el ejecutivo”.
El origen de la Toga es desconocido. Las referencias más claras que existen sobre esta indumentaria robusta datan del imperio romano. La vestimenta era un reflejo de la civilización y la utilizaron en un inicio los magistrados y emperadores de la antigua Roma.
La pesada capa que cubría a estas figuras casi por completo, llevaba estampado el sello de tradición.
En Panamá solo se sabe que “el uso de la toga coadyuvara a destacar aún más las virtudes más excelsas de los profesionales del derecho”.
Y que los 512 Magistrados y Jueces que laboran en el Órgano Judicial, deberán pagar B/. 50 por la capa de Batman, cifra que podría superar los veinticinco mil dólares en gastos.
¿Qué le parece la justificación que utilizaron los Magistrados?.
“la justificación es más ridícula que la propia toga y no me sorprenden que estén de acuerdo con ella, porque allí hay una competencia por la ridiculez. Ellos ya cayeron en una vorágine de ridiculez y eso no tiene fin. Hoy será la toga, mañana será la peluca y en un par de meses nos dirán que solo pueden utilzar zapatos Florsheim”.
Nuestros magistrados están emulando una tradición que se ha extendido desde la Cour Suprême du Canada, hasta el caribe de República Dominicana, y el cono sur incluyendo Brasil, Venezuela y hasta Colombia.
En esta última nación a mediados del año pasado, la Procuradora Auxiliar para Asuntos Constitucionales María Claudia Zea Ramírez, estableció un una demanda de inconstitucionalidad que buscaba eliminar de las audiencias penales la símbolica vestimenta que utilizan sus jueces, que “La toga cumpliría el objetivo simbólico de dar mayor valor al hecho del juzgamiento, resaltando la dignidad de la función jurisdiccional y solemnizando sus actos”.
A diferencia de Colombia o Europa, en Panamá lo que se busca según Bernal, es mantener las estructuras que estableció la dictadura(1968-1989) en materia judicial, por eso asegura que “estamos dando vueltas en círculo y por eso se inventan cosas que no son soluciones, la toga no va a solucionar absolutamente nada”.
Hace una pausa, su telefóno móvil tiembla sobre la mesa. Pide un alto en silencio con sus dedos y luego de una breve conversa, regresa a la entrevista.
¿Como sería la capa de Miguel Antonio?
“Yo creo que tendría que estar conformada por una férrea voluntad, actuar en consecuencia con el cargo que se ejerce. Creo que la mejor toga de cualquier ciudadano es su comportamiento. Un ciudadano no tiene que disfrazarse”.
Del otro lado de la mesa se escucha un áspero susurro “ que ridiculez”. Era el ex Magistrado Cesar Pereira Burgos que prefiere perder su mente en el tráfico multicolor, que en las quejas de su compañero de tertulia.
Ocho de los nueve Magistrados que conforman el Pleno de la Corte, consideraron que enrollarse de tela de los tobillos hasta el cuello, cual vampiro “les daría mayor solemnidad y realce a diversos actos ceremoniales”.
Este marketing de ultratumba, con 21 siglos de retraso, merece casi por obligación un ánalisis del detractor más incisivo del Órgano Judicial de nuestro país.
Es mediodía y el tráfico arde más que el sol de pascuas en la Vía Argentina. Miguel Antonio Bernal espera ansioso mi primera pregunta, con un sudado vaso de agua en el borde de una mesa del Manolo. El sarcasmo se le escapa por los dientes. Está listo para su ataque.
¿Es la Toga una solución a los problemas de la Corte Suprema de Justicia?.
"No, definitivamente que no. Hay un viejo refrán que dice que aunque la mona se vista de seda, mona se queda y aquí se aplica perfectamente bien. En donde se ha visto que el hábito hace al monje; se ve que lo distingue, pero eso hay que ganárselo".
Ganarse el prestigio es precisamente el aspecto más complicado de esta renovación del sistema, porque la justicia necesita de urgencias una reestructuración absoluta y no de una toga, sentencia la metralleta del controversial jurista.
“Con cada acto de estupidez pisotean la justicia, el debido proceso, la presunción de inocencia, se alian para perseguir a los más débiles para favorecer a los más poderosos, aplazan casos en donde tienen interéses, dejan que se quemen tribunales y botan de acuerdo a lo que ordene el ejecutivo”.
El origen de la Toga es desconocido. Las referencias más claras que existen sobre esta indumentaria robusta datan del imperio romano. La vestimenta era un reflejo de la civilización y la utilizaron en un inicio los magistrados y emperadores de la antigua Roma.
La pesada capa que cubría a estas figuras casi por completo, llevaba estampado el sello de tradición.
En Panamá solo se sabe que “el uso de la toga coadyuvara a destacar aún más las virtudes más excelsas de los profesionales del derecho”.
Y que los 512 Magistrados y Jueces que laboran en el Órgano Judicial, deberán pagar B/. 50 por la capa de Batman, cifra que podría superar los veinticinco mil dólares en gastos.
¿Qué le parece la justificación que utilizaron los Magistrados?.
“la justificación es más ridícula que la propia toga y no me sorprenden que estén de acuerdo con ella, porque allí hay una competencia por la ridiculez. Ellos ya cayeron en una vorágine de ridiculez y eso no tiene fin. Hoy será la toga, mañana será la peluca y en un par de meses nos dirán que solo pueden utilzar zapatos Florsheim”.
Nuestros magistrados están emulando una tradición que se ha extendido desde la Cour Suprême du Canada, hasta el caribe de República Dominicana, y el cono sur incluyendo Brasil, Venezuela y hasta Colombia.
En esta última nación a mediados del año pasado, la Procuradora Auxiliar para Asuntos Constitucionales María Claudia Zea Ramírez, estableció un una demanda de inconstitucionalidad que buscaba eliminar de las audiencias penales la símbolica vestimenta que utilizan sus jueces, que “La toga cumpliría el objetivo simbólico de dar mayor valor al hecho del juzgamiento, resaltando la dignidad de la función jurisdiccional y solemnizando sus actos”.
A diferencia de Colombia o Europa, en Panamá lo que se busca según Bernal, es mantener las estructuras que estableció la dictadura(1968-1989) en materia judicial, por eso asegura que “estamos dando vueltas en círculo y por eso se inventan cosas que no son soluciones, la toga no va a solucionar absolutamente nada”.
Hace una pausa, su telefóno móvil tiembla sobre la mesa. Pide un alto en silencio con sus dedos y luego de una breve conversa, regresa a la entrevista.
¿Como sería la capa de Miguel Antonio?
“Yo creo que tendría que estar conformada por una férrea voluntad, actuar en consecuencia con el cargo que se ejerce. Creo que la mejor toga de cualquier ciudadano es su comportamiento. Un ciudadano no tiene que disfrazarse”.
Del otro lado de la mesa se escucha un áspero susurro “ que ridiculez”. Era el ex Magistrado Cesar Pereira Burgos que prefiere perder su mente en el tráfico multicolor, que en las quejas de su compañero de tertulia.
Lic. Víctor Alejandro Mojica

1 comentario:
El disfraz es la mejor manera de ocultar quien somos, el anonimato también. Sin embargo,los magistrados podrían sentir verguenza moral de su injusticia profesional y eso es un avance. Por lo menos tratan de ocultar a sus ojos el homicida de la justicia panameña. Aunque las togas no cambien nada, de seguro los ayudarán a sentir menos verguenzas, pese al carma de sus acciones.
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