viernes, 8 de diciembre de 2006

La Rebelión de los Abuelos





Un tumulto de ancianos con el cuero curtido por el sol, custodiaba una soga que se estiraba de canto a canto en la avenida principal de Pedregal cuando llegué a la protesta. En el centro de la barricada de jubilados estaba Eladio Fernández, promoviendo “la rebelión de los abuelos” con su encanecido séquito.
Ataviado de guayabera y con la frente cubierta por un gorro de cuadros, daba instrucciones a un batallón que lleva cerca de dos meses de mantener al país inmerso en una paralización abismal.
Lo abordé de inmediato intrigado por su figura y a los segundos disparó su historia sin reparos, bajo la escasa sombra de un árbol.
“Yo no necesito nada, la lucha no es por mí, la lucha es por respetar los derechos democráticos” sentenció el viejo ronco, que aparece últimamente en las portadas de los diarios y de las televisoras con más frecuencia que el propio gobernante Torrijos, como para trasladar la entrevista a otra trinchera más personal, la trinchera de su vida.
Eladio nació un 26 de diciembre de 1926, hace casi ochenta años en la costa atlántica de Colón. Es hijo del aguadulceño Andrés Fernández y de la capitalina Paola Ávila, tiene 7 hijos, es egresado de la Universidad de Panamá en donde obtuvo el Título de Relaciones Internacionales y dejo cuatro años de una carrera de Leyes esperando, también es Profesor de Segunda Enseñanza, laboró en la antigua Zona del Canal, fue detective por 7 años del extinto Departamento Nacional de Investigaciones- Deni-, hasta que se cambió para seguir estudiando y por mejor paga a la Dirección de Hacienda y Postales. “Solucioné un robo de relojes en hacienda, y me ofrecieron 180 dólares por cinco días de trabajo”.
Ahora es dirigente a tiempo completo de la Asociación de Jubilados que exige en las calles un aumento a sus salarios de cuarenta dólares con la plata de los “peajes del canal”, para contrarrestar el alto costo de la vida y sufragar sus medicamentos.
Detiene su lengua para atender al escuadrón que habla en desorden, y pega de nuevo sus nublados ojos sobre mi cara para seguir conversando.
¿Cúando empezaste a batallar? Le pregunto. Atiende su mente un momento, retrocede el cassette y se traslada al año 1947.
“ Yo participé de la lucha de la reversión de Río Hato y también rechace el Filos Hines, cuando era estudiante del Abel Bravo y formaba parte de la Federación de Estudiantes de Panamá”.
Pero no fue hasta el año 2000 que este espigado dirigente cobra notoriedad pública cuando organiza un movimiento de jubilados para derrocar a la perenne dirigencia de la confederación de jubilados que “traficaba con la miseria de los pobres” asegura.
La tarea no fue fácil, “ Pasamos 6 meses buscando un secretario porque nadie quería ser secretario, y agarramos a un tipo, lo emborrachamos y lo hicimos que firmará. El día siguiente presentamos la solicitud de personería jurídica al Ministerio de Gobierno y Justicia”.
Es precisamente esta Asociación de Jubilados que ratificó el entonces premier Winston Spadafora, que enfrentá al gobierno de Torrijos en las calles, obstaculizando por horas arterias importantes como la Vía Transístmica, la Plaza Cinco de Mayo y últimamente el parador de Pedregal sin importar los efectos de sus medidas de presión que se traducen en colosales congestionamientos y paralizaciones comerciales. “ Aquí nos mueven muertos”.
Y es que según ellos, el gobierno con la ley 51 mejor conocida como ley de la muerte, suspendió hasta el año 2010 un derecho que mantienen a recibir aumentos en las pensiones mínimas, que respetaron los gobiernos de Guillermo Endara con 30 dólares, Ernesto Pérez Balladares con 25 dólares y Mireya Moscoso con 15 balboas.
“Este aumento no los van a entregar cuando la mayoría de los viejitos hayan muerto”, “Martín no nos arrodillará a nosotros, aquí seguimos de pie pero nunca de rodillas”.
Eladio da la vuelta porque lo llama su tropa a la distancia, voltea su rostro, suelta una carcajada brillante y lanza el inesperado petardo.
“Somos viejos, pero no sufrimos de demencia senil, ni demencia semántica”.
El viejo “nacionalista” me estrecha la mano, abandona la entrevista que lleva más de 30 minutos y se marcha lentamente, apretando unos documentos a sus costillas con el lomo sudado, pero con una larga sombra de ancianos que siguen sus pasos para continuar con la “rebelión de los abuelos”.

Lic. Víctor Alejandro Mojica

2 comentarios:

Anónimo dijo...

me gusto mucho este artículo. Pocos muestran quienes son en realidad nuestros líderes.

Anónimo dijo...

Rebelión!!..... no puede haber mejor vocablo para distinguir esta ardua lucha que están protagonizando los abuelitos. Me hace recordar la descripción que algún día le hizo un individuo a la lucha de los estudiantes chilenos que exigían mejoras a sus sistema educativo, denominándola “La Rebelión de los Pingüinos”. Que tristeza observar que hay que recurrir a este tipo de “rebeliones” para obtener algún tipo de beneficio que sin duda alguna tiene características de justo, necesario y que debe representar una petición potable para nuestros gobernantes. Felicidades Camarada Alejandro por tan clara objetividad en tus pequeñas líneas y te exhorto a continuar plasmando este tipo de ideas.