lunes, 4 de diciembre de 2006

La Batalla de Caracas

El Palacio Miraflores en Caracas vibraba de la revolución, a sus pies estaba rendida una masa chavista exaltada, que coreaba al unísono el nuevo triunfo del Comandante. Desde el balcón del pueblo, Hugo Chávez Frías vociferaba a cuatro vientos la extensión de su mandato. ¡Es una victoria del pueblo!, ¡me rindo ante los pies de los Venezolanos!, !esta victoria se la dedico a Bolívar!, ¡ganó la revolución!, sentenciaba el gobernante con su oratoria popular.
No hay dudas de que Chávez Frías goza de una popularidad sin horizontes en Caracas, los primeros resultados lo ubicaron ipso facto en el primer lugar de la elección con más del 60 porciento del electorado, superando abrumadoramente al candidato opositor Manuel Rosales.
Su victoria no sorprende, quizás el aspecto más relevante a destacar con este termómetro electoral y que forma parte de una cadena de eventos a nivel de América, es que la sociedades no solamente quieren cambios, aunque sean drásticos y populistas, sino que están dispuestas a sostenerlos y apoyarlos, siempre y cuando, el principal protagonista de la novela siga abogando por libertades y justicias sociales.
Venezuela es el ejemplo más claro de los efectos de los desaciertos políticos. La nación buscó cura por su cuenta, y encontró entre las ofertas, un militar golpista, carismático, conflictivo, mal administrador, pero comprometido con un discurso de pueblo, para un pueblo sediento de reivindicaciones.
América no quiere soluciones materiales, sino pantalones. Nicaragua, Ecuador, Bolivia y Brasil, así lo han demostrado.
El continente en su conjunto está abrigando esperanzas en manzanas conocidas y revoltosas, utilizando la democracia que prometió cambios, para castigar a sus gestores, aunque el futuro este confuso y plagado de ataduras.
Venezuela sabe lo que viene y no es relajo.

Lic. Víctor Alejandro Mojica

1 comentario:

Anónimo dijo...

Excelente Victor!