jueves, 15 de marzo de 2007

De visita en Bogotá

Llegue a Bogotá sin saber que esperar, y encontré un tesoro digno de América. Habían pasado dos días de la celebración del octogenario del “Gabo” y faltaba menos de una semana para que la gira conquistadora de Bush aterrizara en suelo Colombiano, así que la ciudad estaba experimentando una fusión de emociones de aprecio y desprecio....
Bogotá es una ciudad cautivadora, de esas que enamoran al viajero a primera vista, sus anchas y extensas avenidas cubiertas de pinos y verdes solares, se combinan con una estructura colonial marrón bien ordenada, que se disemina con sutileza hasta donde tus ojos lo permitan. La ciudad es robusta y poblada-tiene 8 millones de habitantes-, pero acogedora como pueblo, quizás aquí radica uno de sus principales atractivos.
Viaje con pánico reconozco, tanta publicidad sangrienta desnuda los nervios de cualquiera. “No camines solo”, “ten cuidado cuanto te subes a un taxi”, “cuidado te secuestran”, recordaba camino al Aeropuerto el Dorado, pero la ansiedad de conocer una pujante capital supero cualquier pánico y en cuestión de segundos ya caminaba con la rienda suelta por Bogotá, buscando esclarecer las razones de una publicidad que no termino de entender.
En la capital de Colombia no se exteriorizan sufrimientos para borrar cualquier vestigio de dolor provocado por su conflicto armado, ser afable es un requisito indispensable de todos. Hacer consultas públicas, equivocarse y hasta tropezar estúpidamente tiene pérdon, no es un pecado. Una señora mayor que vende maíz para dar de comer a las palomas que se tomaron la Plaza Bolivar me comentó riéndose “ que la felicidad opaca cualquier dolor”, y eso me dijo con su peculiar acento “es la tónica de esta ciudad”.
Bogotá es una capital cultural además, obras de teatro públicas, cines al por mayor, por cada vericueto y hasta cerca de los tugurios más reprochables existen bibliotecas de gustos fáciles como diría el “Gabo”, bien repletas y por supuesto baratas de tanta demanda. En una de ellas obtuve ejemplares que nunca pensé leer y que ahora reposan en mi archivo personal en Panamá.
Nadie pensaría que en una ciudad bañada de magia, nutrida de personajes, y sobre todo acogedora como casa, pueda ser el epicentro de una convulsionada y sangrienta agenda política.
Lo que sí está claro es que Bogotá seguirá cultivando cultura y cosechando conciencias pulcras para seguir edificando una ciudad extraordinaria, con el talento del patio, que permita dejar atrás la publicidad sangrienta del presente, para mostrar el rostro más sutil de Bogotá, ese rostro que se moviliza en masas cada mañana.
De las discotecas y la rumba, hablamos otro día...

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Es curioso lo de esa ciudad...uno va asustado y termina amandola.

Anónimo dijo...

Vecino del alma,seria sabroso irse al norte y visitar aquel pueblito bien descrito por el gabo, hablo de Aracata.

Anónimo dijo...

what about pink floid concert, what`s going on with you,my favorite neighbor.