miércoles, 14 de marzo de 2007

América, sus payasos y el circo de la vanidad



Los presidentes en su afán de alcanzar el poder absoluto de una región variopinta, pueden cometer tantas estupideces y atorrancias como en un circo. Dejan su disfraz de líderes y se convierten en payasos, para convencer a una sociedad de que la salvación de nuestra América se encuentra en el repudio y las mentiras.
Hace algunos días dos de los mejores payasos de la región recorrieron varias ciudades como Buenos Aires, Sao Paulo, Managua, Mérida, La Paz, Montevideo y hasta el caribe, en busca de más protagonistas para sus circos. Los payasos Mr. Bush y Mr. Chávez entendieron que sus espectáculos necesitan respaldo para sobrevivir porque de lo contrario tienen el futuro asegurado: La calle.
Bush se disfrazó primero, bailo samba, cargo cajas de cebollas, estrecho manos, saludo y rió a lo interno del show, porque en las afueras muchos espectadores se aglutinaron para convertir su circo en Bagdad, con bombas y protestas.
El otro payaso, prometió de todo también, la diferencia de su show radicó en las peticiones públicas que hizó a las masas inconcientes, que siguieron sus eternos discursos “Gringo Go Home”. Chávez, el autoproclamado salvador de América, dejo a un lado los sueños de unificación de Bolivar y propuso el repudio como alternativa.
América tiene un problema serio, solo hay dos payasos interesados en amenizar la fiesta y ningúno cuenta con un show justo, equilibrado, y sobre todo esperanzador.
Mr. Bush prefiere mentir y ocultar la verdad, antes que la región se beneficie en su conjunto. Dudo de todas las promesas que hizo circular por el continente, son promesas con claros matices de hegemonía.
El otro, Mr. Chávez solo sabe de conspiraciones, pases de facturas y rencor. No importa de la forma que sea, nuestros hermanos son enemigos, siempre y cuando su bandera lleve decenas de estrellas colgando sobre franjas rojas y azules.
¿Con estos dos payasos que alternativa tiene América para surgir?. Ninguna. Solo queda reir, porque el circo de la vanidad y sus payasos seguirán recorriendo el continente con sus estupideces y atorrancias, hasta que los espectadores se agoten de sus crueles presentaciones y elijan un mejor acto, que lleve estampado el sello de garantías sociales, justicia equilibrada y sobre todo hermandad.
Cuando esto ocurra, estos payasos de sueldo encontrarán su público en sus espejos, porque la fiesta le pertenecerá a otro, al payaso humano y solidario.

1 comentario:

Anónimo dijo...

De acuerdo contigo estoy vecino, sin embargo me engolfa saber que tanta gente cree en sus discursos de feria.