sábado, 10 de febrero de 2007

Una Entrevista con la Mafia

En la cima de monte oscuro en San Miguelito se erige su fortaleza. Es una casucha remodelada, cubierta de colores pasteles que recibe la brisa de día, tarde y noche por igual. Su dueño, sin embargo, adaptó un sistema de acondicionador de aire y ventanas francesas a su morada, para hacer la diferencia en un barrio clonado. Aquí, en donde las calles solo tienen un sentido y se enroscan como serpiente, reside un mafioso criollo llamado Hilario Enrique Chen Quintana.
Tiene 38 años, es íntimo amigo de Media Luna -un reconocido asaltante del patio-, está parapléjico, y ahora es vinculado al secuestro de un tumbador de drogas de apellido Batista. Lleva 6 meses de estar en libertad, tras un extenso presidio de 16 años en la cárcel la joyita, habla con voz de niño y utiliza unas gafas lupas que no permiten adivinar sus pensamientos, pero reconoce sin asco su pasado violento que incluye una larga lista de robos, asaltos, plagios y hasta homicidios. " Eso lo hacía cuando caminaba".
Hace ya varios años en medio de una transacción de joyas robadas, recibió 14 impactos de bala en la espalda que lo postraron de por vida a una silla de ruedas brillante, que lo moviliza con lentitud por la sala de su casa.
Sobre un sillón ocre y floreado analizo al personaje, antes de interrogarlo. Es increíble que esta vida la anhelo desde niño. No se arrepiente de nada, es descarado. " Estoy a punto de morir. tengo pendiente una operación para transplantar parte de mis intestinos a mi vejiga que funciona de a vaina", me dice Quintana casi susurrando. No siente lástima, su estado de salud es el reflejo de sus logros en el submundo delincuencial.
Ahora está de nuevo en el ojo de la tormenta, según la policía este discapacitado, llamó a la familia del tumbador secuestrado para solicitar 40 mil dólares por su libertad. Las autoridades supuestamente tienen registros de las llamadas, y hasta un testigo que Quintana buscó para esconder a Batista, en un sitio todavía desconocido.
¿Esto es verdad?, le preguntó sin cámaras. " la familia de Batista está amenazando a mi primo de muerte, y no tuvo otra que declarar en mi contra". "Tú crees que en este estado, puedo seguir delinquiendo, eso fue el pasado, ahora lucho por mi vida", me responde sin ofuscarse.
Las preguntas siguieron y las respuestas continuaron por un par de minutos, hasta que terminó le entrevista. Abrió su agenda y buscó al final donde radican los listados telefónicos. "llamá a mis abogados para la próxima".
Con un estrechón de manos finalizó esta experiencia. "el hombre es cortéz por lo menos". Quintana cerró la puerta y yo descendí lentamente por la escalera de su casa, pensando muchas cosas y tratando de adivinar otras.
Cada quién busca su futuro de la manera que sea, pensé. Lo erige, lo modifica y lo controla en base a su expectativas ciudadanas. Algunos luchan, estudian, no duermen, pero terminan siendo médicos, otros, disparan, torturan, hieren y hasta matan para ser mafiosos. Las diferencias son abismales, pero el fin parece coincidir. Cada quién hace de su vida lo que quiera.
Quintana anhelo mafia buscando mejoras, y ahora vive como nadie en monte oscuro, con un historial policivo de envidia, aire acondicionado y sillas de ruedas. "Vaya vida".

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