El Fatal Colmo del Fanático
Advierto a los lectores que el siguiente artículo está contaminado de un pecado denominado envidia, pero retrata en cortas palabras el derrocamiento que ha sufrido la esperanza de un fanático a consecuencia de una larga cadena de humillaciones y derrotas...
Estoy agonizando de tanto perder, entre en cólera, y es muy posible que explote en la próxima temporada del beisbol mayor. Es un trance de repudio infernal, que socava mi tranquilidad y convierte todo a su paso en tinieblas. Con cada imparable ajeno el corazón se me hincha de furia, y de mi boca solo sale el diablo y sus hijastros...
¡O la leña roja empieza a ganar, o habrá pronto una masacre en Aguadulce!...
Estoy padeciendo del peor de los colmos, “el fatal colmo del fanático”. La patología empezó hace muchos años, pero se profundizó en la reciente temporada. Una acumulación sobrenatural de derrotas consecutivas, incrementó las revoluciones de mi ansiedad, despertó la rabia y la amargura que mantenía oculta detrás de la tranquilidad artificial, y las unió en un mal que solo encuentra sanación en las mieles de la victoria.
Coclé no gana un campeonato desde hace 20 años, la última ocasión que obtuvo el máximo galardón ni lo recuerdo para ser franco, las pocas cosas que conozco las aprendí por terceros. No he visto a “La Leña Roja” ganar en su vida. A veces celebró de gratis las anécdotas de mis amistades que si disfrutaron el campeonato de antaño, para soñar con los vítores “ Coclé Campeón”, y la agitada fanaticada que como tsunami sacudía al pueblo con su furor. Cierro los ojos y dejo que los anhelos libremente recorran mi conciencia y aparecen estas figuras rojas saltando sobre la loma en grupo, celebrando por lo que todo fanático lucha, la victoria. ¡Que asco!.
Lastimosamente no es así, año tras año, el equipo resiste como puede el embate de sus enemigos en la primera ronda del campeonato, luego se precipita como avión sin alas a la cola del torneo, y sigue en picada hasta quedar estrellado y eliminado por completo de la competencia. El equipo se asemeja a un mal sexo, arranca bien y culmina en el desastre.
Las razones son muchas, pero eso no lo voy a discutir aunque resulte subjetivo. “El fatal como del fanático” está dilapidando mi existencia, no soporto más excusas, quiero victorias.
He llegado a pensar hasta en conspiraciones espontáneas, como envenenar rivales o coaccionar dirigencias, con el fin único de reinvindicar a un pueblo ávido de victorias. Y también he pensado en saltar a otras toldas en donde juegan nuestros criollos peloteros, para así saborear, aunque sea de carambola, de la embriaguez del fin cumplido.
“El fatal colmo del fanático” es contagioso, lo he visto afectar a cientos de aguadulceños en la última década. Ojalá no tenga secuelas desastrosas, porque de lo contrario un escuadrón de enfermos revolucionaran el beisbol y colocaran a la fuerza a “La Leña Roja” en la cumbre. ¡Que felicidad!.
Estoy agonizando de tanto perder, entre en cólera, y es muy posible que explote en la próxima temporada del beisbol mayor. Es un trance de repudio infernal, que socava mi tranquilidad y convierte todo a su paso en tinieblas. Con cada imparable ajeno el corazón se me hincha de furia, y de mi boca solo sale el diablo y sus hijastros...
¡O la leña roja empieza a ganar, o habrá pronto una masacre en Aguadulce!...
Estoy padeciendo del peor de los colmos, “el fatal colmo del fanático”. La patología empezó hace muchos años, pero se profundizó en la reciente temporada. Una acumulación sobrenatural de derrotas consecutivas, incrementó las revoluciones de mi ansiedad, despertó la rabia y la amargura que mantenía oculta detrás de la tranquilidad artificial, y las unió en un mal que solo encuentra sanación en las mieles de la victoria.
Coclé no gana un campeonato desde hace 20 años, la última ocasión que obtuvo el máximo galardón ni lo recuerdo para ser franco, las pocas cosas que conozco las aprendí por terceros. No he visto a “La Leña Roja” ganar en su vida. A veces celebró de gratis las anécdotas de mis amistades que si disfrutaron el campeonato de antaño, para soñar con los vítores “ Coclé Campeón”, y la agitada fanaticada que como tsunami sacudía al pueblo con su furor. Cierro los ojos y dejo que los anhelos libremente recorran mi conciencia y aparecen estas figuras rojas saltando sobre la loma en grupo, celebrando por lo que todo fanático lucha, la victoria. ¡Que asco!.
Lastimosamente no es así, año tras año, el equipo resiste como puede el embate de sus enemigos en la primera ronda del campeonato, luego se precipita como avión sin alas a la cola del torneo, y sigue en picada hasta quedar estrellado y eliminado por completo de la competencia. El equipo se asemeja a un mal sexo, arranca bien y culmina en el desastre.
Las razones son muchas, pero eso no lo voy a discutir aunque resulte subjetivo. “El fatal como del fanático” está dilapidando mi existencia, no soporto más excusas, quiero victorias.
He llegado a pensar hasta en conspiraciones espontáneas, como envenenar rivales o coaccionar dirigencias, con el fin único de reinvindicar a un pueblo ávido de victorias. Y también he pensado en saltar a otras toldas en donde juegan nuestros criollos peloteros, para así saborear, aunque sea de carambola, de la embriaguez del fin cumplido.
“El fatal colmo del fanático” es contagioso, lo he visto afectar a cientos de aguadulceños en la última década. Ojalá no tenga secuelas desastrosas, porque de lo contrario un escuadrón de enfermos revolucionaran el beisbol y colocaran a la fuerza a “La Leña Roja” en la cumbre. ¡Que felicidad!.
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