La Muñeca de Porcelana y el Reencuentro
La muñeca de porcelana irrumpió con su natural brió una de las casas del señor. Un silencio de asombro reino de inmediato, todo se detuvo, incluso la conciencia que necesitaba tiempo para registrar con delicadeza a la tierna novia sonriente camino al altar. Tanta belleza junta merecía un recuerdo eterno, firme cual tatuaje. Era Mari, la que recibía radiante la Bendición de Dios.
Justo detrás de las velas, refugiados entre el aroma de la flores, estaba parte de la generación, embriagada de admiración, recuerdos y añoranzas. Los comentarios nacieron primero en los oídos, luego se manifestaron en rostros llorosos, hasta que aparecieron los abrumadores aplausos. Había llegado el momento esperado, la boda de la muñeca de porcelana.
Marielisa es la primera amiga de antaño, de esas que intercambia vivencias con solo cruzar miradas, que se nos casa y joven. Todos los demás a excepción de unos cuantos, mantienen novias, o están solteros y recorren el mundo en aras de prosperidad. Por eso el reencuentro se desbordó de placeres. ¡Que mejor forma de hilvanar memorias que una boda!.
Cuando un amigo contrae compromisos como una boda, la mente puede procesar años de recuerdos en segundos y convertirlos en sonrisas cálidas, con pureza de vejez, que divierten el doble como payaso barato de circo y relajan como agua de río. Esta peculiaridad de la humanidad se conjuga con el encanto del momento y el resultado se traduce en varias cosas: tragos, churucas, bailes y sobre todo cariño.
Es un proceso que empieza sobrio, y en orden, pero termina en convulsiones y estallidos de alegría. Como todas la memorias están sintonizadas al son de la orquesta, la fiesta evoluciona a niveles increíbles. Nunca pensé que Roderick y un güiro guardaran parentescos, o que un sombrero y un antifáz encajaran mejor en el rostro de Pertuz, que en la cara del famoso Zorro.
Cuando desperté el domingo, ni sabia para ser sincero, que la liga de la muñeca de porcelana reposaba en mi saco. Estaba exhausto todavía de recuerdos y relajos, pero conciente de una cosa. Sin recuerdos somos fantasmas, y que mejor antídoto para el mal de olvido que una boda.
Gracias Marielisa por el reencuentro, y felicidades.
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