Noriega y mis amigos
El ex hombre fuerte Manuel Antonio Noriega acaparó las portadas de mi país por una noticia más que conocida, y pasan los días y su nombre revuela en conciencias, en avenidas, en cenas, en redacciones y por supuesto en casa, como si el anuncio fuera del desconocimiento de las masas. Noriega es sínonimo en Panamá de revuelo, sin razón.
La conciencia del istmo recordó con la publicación carente de información novedosa, los abusos, la intransigencia y la cobardía, con la rápidez del presidio del “Man”, y derramó sentimientos cristalizados en lágrimas, otros más rencorosos y algunos hasta con vicios de perdón.
Pertenezco a una generación que no absorvió tanto la crueldad de su dictadura, porque vivíamos apartados del Cuartel General, y además la niñez no da tregua a las maldades, cuando existen prioridades como jugar y sudar. Pero la historia está documentada, y eso permitió que mis amistades, algunas con más intereses que otras, conocieran durante su desarrollo el régimen y sus funciones diabólicas, y ahora tengan un juicio de valor sobre su liberación que se resume en tres palabras simples: “Cárcel para Noriega”.
Mis amigos no comprenden porque existe un debate sobre Noriega, si el hombre fuerte es un pastor senil, además dudan que tenga energías para enarbolar un filoso machete y amenazar gobiernos extranjeros, y muchos menos cuente con la gallardía de exigir “ningún paso atrás” a las masas, cuando el país avanza como corredor, sin la ayuda de un tirano acostumbrado a sembrar el odio entre la paz...
Hay que dejar claro, que no se trata de olvidar la historia porque regresa y menos si existen víctimas de por medio, sino de darle la importancia al evento en base a nuestra formación como sociedad. Noriega en nada ayuda al bienestar de Panamá, su salida aún menos, entonces porque preocuparnos si hace mucho tiempo le ganamos la batalla al ex general.
Este dictador tiene condenas pendientes que cumplir por sus crímenes, que el gobierno debe ejecutar sin titubear, con la prontitud que demoró su paso por las cárceles de Miami, o de lo contrario, el presidio no solamente aguardará por Noriega, sino tambíen por los secuaces que insistieron en exaltar su decrépita y odiada figura, en un país saludable y repleto de gente bondadosa. Que el gobierno se ponga las pilas y punto, y envié de nuevo a la piña al calabozo...
¿O es qué hay cuentas pendientes que rendirles al Man?, por lo menos, en mi generación no...

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