jueves, 11 de enero de 2007

El Corresponal de Al-Qaeda Panameño

El terrorismo está tan en boga que sus kamikazes descorchados no solo han contagiado la sacudida Irak con cotidianidad. Sus cruentas presentaciones regresaron a España recientemente y cruzaron el continente viejo hasta llegar al ombligo de América, a una nación que solo sabe de atentados políticos y ataques de interéses, mi querida Panamá.
El primer ejemplar de esta ola de maniáticos suicidas, por poco y lleva a cabo su mortal plan de reinvidicación hace algunos días, tratando de seguir al pie de la letra las instrucciones de sus gestores: No hablar, solo actuar y esperar la destrucción.
Su nombre Pablo Esturaín, conocido por las crónicas locales como “El Terrorista del Amor”. Este joven de 25 años amenazó el pasado domingo con explotar un bus de la ruta Pacora-Las Garzas para asesinar a su ex pareja, que ahora llora en brazos de un nuevo amor.
El caos se dio en plena ruta tocumen. Esturaín armado de un maletín con un explosivo conocido como Apex, que se utiliza en la industria minera, y un detonador eléctrico abordó el bus, sometió al chofer con un “Niple” para detener el diablo rojo, bajo a los pasajeros y retuvo a su ex concubina Elizabeth, que solo llegó a escuchar “ tú sabes lo que tengo aquí, una bomba y todo se va a acabar ahora mismo”.
Aunque parece inverosímil esta es una historia real, con protagonistas carnales, “Made in Panamá”.
Las autoridades todavía no han analizado la materia gris de este corresponal de Al-Qaeda en Panamá. Sin embargo, el resultado del exámen ya tiene reservado un pedazo del techo de los diarios locales, porque Esturaín no solo comprobó que el amor es tan volátil que puede explotar en mil pedazos, sino que el remedio para combatirlo, aunque parezca lejano, extraño y despiadado, puede llevarse a cabo con facilidad en nuestra serena Panamá.
Esturaín, por suerte vaciló y no pudo accionar el dispositivo casero porque equivocó los principios del terrorismo y no habló, gritó, tampoco actuó y muchos menos estalló. Ahora enfrenta la justicia panameña y se revuelca en la celda de una cárcel criolla, escuchando a su Elizabeth por los medios, denunciando su agresividad cavernícola y hablando sobre sus nuevos amores.
Hace mucho tiempo leía un correo fugaz, de esos que llegan de parajes inimaginables, que anunciaba sarcásticamente que un panameño no puede ser terrorista. Entre muchas cosas, advertía el correo, porque se roban las bombas o gritan a los cuatro vientos su plan mortífero.
A lo mejor lo escribió Esturaín, mientras confeccionaba su bomba. ¿Estaría presagiando su futuro?...
Lic. Víctor Alejandro Mojica Páez

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