jueves, 25 de enero de 2007

¿Matrimonio para qué?

Escudriñando el innovador portal de la Decana, http://www.estrelladepanama.com/, encontré una noticia verdaderamente interesante al filo de la página, casi rayando en los archivos. “El Panameño no cree en el matrimonio”, sentenciaba en negritas y mayúsculas el titular del diario. Lo peor seguía despúes de la coma, “Solo se casaron 41 parejas en el 2006”.
Según la Dirección del Registro Civil del Tribunal Electoral en la provincia de Veraguas se realizó el mayor número de matrimonios -21 parejas se casaron- , seguido por el distrito de San Miguelito -8 bodas civiles- , Herrera celebró 4, Coclé se quedó con un 2 absoluto, y la provincia de Chiriquí celebró aún menos, solo una pareja se anudó formalmente de compromisos nupciales...
El porqué tiene múltiples explicaciones para el sociólogo Hernan Beluche que fue consultado por el portal. La primera de ellas está ligada a la superación intelectual, “La mujer profesional rompió el mito de que una mejor situación económica esta ligada al matrimonio”.
La segunda tiene motivos estrictamente económicos, “La situación es tán díficil que prefieren postergar más la responsabilidad del matrimonio”, y finalmente un corte tradicional, “En Panamá se acostumbra en los sectores populares a juntarse”.
Lo que no estableció Beluche, es que quizás los panameños detectaron que los compromisos no necesitan llevar sellos para que sean formales y respetuosos, o que a lo mejor la evolución de la soltería, -que permite tener libertades y sexo con visto bueno- hayan modificado el patrón del desarrollo familiar, que por años estuvo condicionado al matrimonio.
Panamá crece para solteros, este es el punto. No existen proyectos de construcción que no resalten la figura del profesional libre con vallas tendenciosas “apartamentos de lujo para personas como tú”; el mercadeo capta cada día personas y no uniones, la ciudad en su conjunto camina suelta, sin ataduras...
En esta anarquía moderna los que realizan el salto lo hacen a medias. Un ejemplo ilustrativo: Las esposas de nuestra era no desplazan sus apellidos por el de la pareja, lo mantienen y lo ratifican cuantas veces sea posible. El apellido del marido se queda donde estaba, detrás del nombre del esposo.
Pareciera que no se está rechazando el matrimonio, sino las complejidades y formalismos que involucra la decisión “los declaro marido y mujer”, que implica casi un nuevo nacimiento, nuevos nombres, nuevas deudas y hasta nuevas fiestas.
Lo único en esta vida que no ha evolucionado es el matrimonio, por eso las cifras quedaron rezagadas ante una población que crece por segundos, -2, 839,177 es la cifra del pasado censo-, y un país absorbido por tendencias foráneas que distan de lo tradicional y cultural.
Es cierto que la mujer se superó, que la economía no llega a todos los bolsillos y que las uniones de hecho desplazaron a la tradición, pero también es cierto que resulta más fácil caminar juntos pero separados, que caminar con grilletes en este mundo sin restricciones....

Lic. Víctor Alejandro Mojica

No hay comentarios: