Erradicando la Esclavitud
No encuentro justificación alguna para tolerar el trabajo infantil. Es inadmisible en todos los sentidos sustentar esta práctica arraigada a las zonas más pobres de la nación, donde la miseria penetra hasta las dentaduras más vírgenes, porque estamos dilapidando sencillamente generaciones y cercenando su única salida al bienestar, el estudio.
La semana pasada recorrí verdaderos bastiones de pobreza como parte de un proyecto del noticiero de Telemetro Reporta y Casa Esperanza, que busca entre otras cosas concientizar a la nación sobre el mortal daño que genera el trabajo infantil.
Camine vertederos, recorrí infinitos cultivos agrícolas, endulze mis sentidos con la brisa del Océano Pacífico, trabajando de la mano de niños pescadores, y estuve conversando con familias destinadas a subsistir de la nada. Una experiencia gratificante pero dolorosa.
Todos los casos guardan similitudes. Son niños que trabajan para ayudar en casa, que olvidaron el valor de la preparación y se avocaron al esfuerzo personal como solución a sus penurias. Son niños puros que conocen como nadie el vocablo miseria. Acá no existe sufrimiento, el dolor se esfuma entre la esclavitud disfrazada de extensas jornadas laborales.
Cifras de la Organización Internacional del Trabajo revelan que en Panamá existen más de 47 mil niños y niñas que trabajan. El 26% de este grupo no llega a los 14 años de edad.
En las zonas agrícolas donde el sol golpea sin piedad, en donde los niños son hombres, laboran un poco más de 30 mil de estos jovencitos. El 65% de ellos no asiste a la escuela.
Muchos pensarán que estos jóvenes son pilares fundamentales en su casa. Eso es cierto, pero más ayudan preparándose para un futuro devorador, que escudriñando entre cultivos la cena de su casa.
Como un niño con 12 años de edad, que pasa el día entero de cuclillas sembrando semillas de melón, soportando la carga del sol, sin alimentos que refuerzen sus pocas energías, puede comprender o siquiera estudiar una lección de matemáticas. ¡Imposible verdad!. Esta es la realidad de Panamá...
Claro que faltan los gobiernos, de eso no hay dudas. Pero los gobiernos casi nunca están presentes, ni siquiera en la capital. Batallemos todos, es mejor y màs seguro.
El próximo 15 de enero arrancá con fuerzas la campaña Buenos Pasos de Telemetro y termina con una gran caminata en el mes de febrero. Su objetivo este año divulgar el rostro más amargo del trabajo infantil.
La cruzada empieza con historias reales, para sacudir como huracán la conciencia más egoísta del país, porque el trabajo infantil en todas sus aristas esta plagado de esclavitud...
La semana pasada recorrí verdaderos bastiones de pobreza como parte de un proyecto del noticiero de Telemetro Reporta y Casa Esperanza, que busca entre otras cosas concientizar a la nación sobre el mortal daño que genera el trabajo infantil.
Camine vertederos, recorrí infinitos cultivos agrícolas, endulze mis sentidos con la brisa del Océano Pacífico, trabajando de la mano de niños pescadores, y estuve conversando con familias destinadas a subsistir de la nada. Una experiencia gratificante pero dolorosa.
Todos los casos guardan similitudes. Son niños que trabajan para ayudar en casa, que olvidaron el valor de la preparación y se avocaron al esfuerzo personal como solución a sus penurias. Son niños puros que conocen como nadie el vocablo miseria. Acá no existe sufrimiento, el dolor se esfuma entre la esclavitud disfrazada de extensas jornadas laborales.
Cifras de la Organización Internacional del Trabajo revelan que en Panamá existen más de 47 mil niños y niñas que trabajan. El 26% de este grupo no llega a los 14 años de edad.
En las zonas agrícolas donde el sol golpea sin piedad, en donde los niños son hombres, laboran un poco más de 30 mil de estos jovencitos. El 65% de ellos no asiste a la escuela.
Muchos pensarán que estos jóvenes son pilares fundamentales en su casa. Eso es cierto, pero más ayudan preparándose para un futuro devorador, que escudriñando entre cultivos la cena de su casa.
Como un niño con 12 años de edad, que pasa el día entero de cuclillas sembrando semillas de melón, soportando la carga del sol, sin alimentos que refuerzen sus pocas energías, puede comprender o siquiera estudiar una lección de matemáticas. ¡Imposible verdad!. Esta es la realidad de Panamá...
Claro que faltan los gobiernos, de eso no hay dudas. Pero los gobiernos casi nunca están presentes, ni siquiera en la capital. Batallemos todos, es mejor y màs seguro.
El próximo 15 de enero arrancá con fuerzas la campaña Buenos Pasos de Telemetro y termina con una gran caminata en el mes de febrero. Su objetivo este año divulgar el rostro más amargo del trabajo infantil.
La cruzada empieza con historias reales, para sacudir como huracán la conciencia más egoísta del país, porque el trabajo infantil en todas sus aristas esta plagado de esclavitud...
Lic. Víctor Alejandro Mojica Páez
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