martes, 10 de abril de 2007

¿Aumentamos penas o Aumentamos impunidad?


El padre de Juan es político y corrupto. Desde su curul, en la Asamblea Nacional de Diputados, planifica desde hace años, con el apoyo de varios pandilleros criollos, un negocio de intercambio de drogas por armas altamente rentable, aunque en ocasiones los utiliza para realizar los ya conocidos "tumbes".
Contrata a jóvenes huérfanos o a niños herederos de familias desintegradas de barrios populosos, para facilitar el trabajo. Sabe que sobre ellos existen "pocas barreras morales y muchos instintos de venganza", cultivados en gran parte, por el olvido del sistema, la falta de oportunidades y el ocio acumulado.
Hace algunos días les regaló a sus "hijos" un cargamento de fusiles y armas automáticas, porque recuperaron un embarque extraviado, sin la necesidad de él. "Están aprendiendo rápido y con inteligencia" comentó orgulloso a su conciencia.
-Jóvenes-, dijo el Honorable en una reuniòn clandestina en su finca en Altos del Marìa.
-Este miércoles a las 10 de la mañana, una Land Cruiser verde, parecida a la mía, movilizará por la tumba muerto un cargamento de cocaína. Lo quiero en mis manos pronto-.
-No se preocupe señor- le respondió uno de los menores.
-Mañana mismo hacemos el trabajo-.
El Honorable se rasco la panza, miró a los jóvenes con furor para cautivar sus pensamientos, y luego se despidió, como suele hacer siempre. "No me queden mal, ustedes me conocen bien"...
Juan iba más rápido que nunca para la USMA, "voy tarde para el exámen", comentaba dentro del carro de su papá, de camino para la universidad.
"Primera vez que mi viejo me presta el carro, algo le debe pasar", pensò fugazmente, mientras escuchaba Pink Floyd.
Juan miro el retrovisor y observò un panel blanco. Antes de girar a la izquierda, hizo un leve alto para dejar pasar el vehìculo, y cuando menos acordò tenìa un cañon friò en la cien.
-¿Donde està la droga?-, le susurrò uno de los jòvenes al oìdo, que ingresò al carro por la puerta del copiloto. Otro menor nervioso, buscaba entre los laterales del carro y debajo de las alfombras el cargamento solicitado por el "Honorable".
-No hay nada-, comentò el asaltante.
-entonces, no los llevamos-...
El Diputado comìa con su esposa en casa, cuando sonò su telèfono celular.
-Buenos dìas Honorable, le hablamos de la Ptj-
"La Ptj", dijo en tono de duda.
-Que desean-.
-Lamentamos decirle, que su hijo fue ubicado en un matorral de Alcalde Dìaz con un disparo en la cabeza-.
El Diputado se desvaneciò ante la mirada de su esposa, por poco y tumba el jugo de naranja natural preparado por su sirvienta, apretò la gargante con firmeza para evitar llorar, y colgò el telèfono.
-Mujer mataron a Juan-...
Han pasado ya varios meses desde ese atentado, el Honorable Diputado tomò como bandera el asesinato de su hijo, para proponer a sus colegas un aumento de penas a los menores infractores.
"Lo que me ocurriò a mì, le puede suceder a todos ustedes. Estamos lidiando con menores asesinos, carentes de escrùpulos y àvidos de sangre", señalò durante su intervenciòn en el pleno.
"Estos menores necesitan màs càrcel, porque el tiempo que perduran en el presidio es tan corto, que no les permite alcanzar la tan anhelada resocializaciòn".
"Aumentemos sin pensar, las penas a los menores, no hay otra salida", sentenciò el "Honorable" casi sonriente.
Varias manos sonaron la mesa y al unìsono se escuchò, "aprobado"...
Los aumentos de penas suelen aumentar la impunidad, cuando se persigue al victimario equivocado. Ojalà Panamà no falle, como se retrató en este irreal artìculo, y no se incremente la balanza de la justicia sobre los desposeìdos, justo ahora cuando pretendemos bloquear la corriente de violencia que sacude nuestra sociedad.

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