sábado, 26 de mayo de 2007

Desconociendo al Enemigo



El calentamiento global y la explotación sexual de menores a simple vista no guardan ningún parentesco, el primero es un calificativo del abuso ambiental y el segundo es una conducta delictiva de los tiempos modernos. Pero en el fondo si existen semejanzas, ambos fenómenos sobreviven de la insensata tolerancia, tolerancia que les permite actuar y destruir sin contratiempos conocidos.
Observando "The Incovenient Truth", el documental de Al Gore ganador del Oscar, razone lo siguiente: el desconocimiento convierte la sapiencia humana en incoherencia.
Por tal motivo, el cambio climático que experimentamos para los escépticos representa una evolución planetaria que en nada afectará nuestro cotidiano vivir. El calor asfixiante, el descongelamiento de los polos, las sequías invertidas y otros grandes males de la polución global, son debilidades y no consecuencias del desgaste del orbe, para este grupo de orates insensatos.
Gore lleva años sustentando científicamente la catástrofe climática denominada "calentamiento global", pero sus advertencias ingresan al conciente con tal timidez que su mensaje se decodifica para luego perecer en la masa que sufre de amnesia.
Con el delito de explotación sexual de menores sucede algo parecido, los patrones machistas de las viejas sociedades que todavía subsisten permiten la explotación de niñas y niños, porque son observados como instrumentos sexuales del "Rey".
Panamá, según una encuesta realizada por Cid Gallup para la Organización Internacional del Trabajo, es el país de centroamérica que más tolera la explotación sexual de menores. Solamente el 24% de la población denunciaría al explotador, otro 25% no haría nada frente al delito, el 22% acusaría a la niña o el niño explotado y el resto hablaría con sus padres.
Incluso los panameños, según la encuesta, atribuyen las causas del fenómeno a valores familiares y del menor explotado. Solo 3% de la población considera que los explotadores son las causas reales de este delito.
En palabras más sencillas, el país obvia sus perjuicios, aplaude a los explotadores y condena a las víctimas, porque no asimila como un delito grave los daños de la inmoralidad manifiesta.
Para ilustar al amable lector, el año pasado, el lente de un explotador visitó Aguadulce y retrató las almas desnudas de muchos jóvenes del distrito aprovechando factores exógenos arraigados al pueblo como son la pobreza, la ausencia de cultura y marcos legales estrictos que no justifiquen la conducta delictiva.
El resultado fue el siguiente: la fiscal pidió el sobreseimiento de los implicados, los jóvenes sufrieron y sufren de la condena pública de la sociedad y el periodista que investigo el caso quedó crucificado de acusaciones calumniosas.
No existe mejor herramienta para combatir estos delitos fantasmas que la sensibilización, el hombre que desconoce su entorno estará permitiendo toda la vida que el planeta donde vive se derrita de tanta contaminación como las almas de los niños explotados que nunca denunció.
El desconocimiento convierte la sapiencia humana en incoherencia y la incoherencia es el mejor aliado de las bestias...

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