Ese Corregidor de P...

En todo el Real están regados letreros del Corregidor, son anuncios de estricto cumplimiento que llevan endosado el sello de la corregiduría, para que no exista duda y mucho menos confusión sobre el mandato expresado y las posibles sanciones que conlleva el sobrepasar u obviar la norma.
“Se les anuncia a todas las personas que participan de juegos de azar (chinguia) en lugares públicos (fuera de la puerta de su casa), que pagarán por primer vez una multa de B/. 25.00 hasta B/.300.00 si son sorprendidos infraganti”, se puede leer en paredes, árboles, sillas y hasta en las piraguas varadas.
Algunos asimilan los anuncios con la dictadura, prohibir jugar barajas o dominó en un lugar en donde solo se observa el Canal 5 de la televisión, en donde no existen mayores atracciones que un río y varios gallos bulleros es relativamente una tortura. Otros observan la iniciativa como una purificación para el pueblo. Se impusieron toques de queda a las 8 de la noche y hay jornadas de limpieza del río todos los fines de semana que son de obligatorio cumplimiento.
El Real ahora es sereno como el Tuira, las calles silban de soledad en las noches, los gritos y las manotadas que acompañaban a la cena y la cuadra se escondieron con los carteles, las barajas hicieron lo suyo también, los niños no aparecen y muchas sonrisas se han doblado en forma de mueca, aunque otros suspiran con alivio en los portales de su rancho porque llegó el orden. Un dato adicional, los gallos bulleros están excluidos de los mandatos.
Minutos antes que dejara El Real recorrí el lugar buscando reacciones, la única que se atrevió a conversar conmigo sobre el Corregidor fue una doña canosa de lomo curvo, que limpiaba el portal de su rancho, en su puerta prinicipal colgaba un cartel.
- ¿Conoce usted al Corregidor?, le pregunté sin muchos rodeos.
- ¿Quién?, el verdugo del pasatiempo, a ese lo quiero guindar con sus anuncios.
La doña sacudió la escoba un ratito, me miró con rabia y tiró la puerta. Se escucharon las cancletas caminado y una voz quebrada gritando forzada. “Ese Corregidor de P...”.
“Se les anuncia a todas las personas que participan de juegos de azar (chinguia) en lugares públicos (fuera de la puerta de su casa), que pagarán por primer vez una multa de B/. 25.00 hasta B/.300.00 si son sorprendidos infraganti”, se puede leer en paredes, árboles, sillas y hasta en las piraguas varadas.
Algunos asimilan los anuncios con la dictadura, prohibir jugar barajas o dominó en un lugar en donde solo se observa el Canal 5 de la televisión, en donde no existen mayores atracciones que un río y varios gallos bulleros es relativamente una tortura. Otros observan la iniciativa como una purificación para el pueblo. Se impusieron toques de queda a las 8 de la noche y hay jornadas de limpieza del río todos los fines de semana que son de obligatorio cumplimiento.
El Real ahora es sereno como el Tuira, las calles silban de soledad en las noches, los gritos y las manotadas que acompañaban a la cena y la cuadra se escondieron con los carteles, las barajas hicieron lo suyo también, los niños no aparecen y muchas sonrisas se han doblado en forma de mueca, aunque otros suspiran con alivio en los portales de su rancho porque llegó el orden. Un dato adicional, los gallos bulleros están excluidos de los mandatos.
Minutos antes que dejara El Real recorrí el lugar buscando reacciones, la única que se atrevió a conversar conmigo sobre el Corregidor fue una doña canosa de lomo curvo, que limpiaba el portal de su rancho, en su puerta prinicipal colgaba un cartel.
- ¿Conoce usted al Corregidor?, le pregunté sin muchos rodeos.
- ¿Quién?, el verdugo del pasatiempo, a ese lo quiero guindar con sus anuncios.
La doña sacudió la escoba un ratito, me miró con rabia y tiró la puerta. Se escucharon las cancletas caminado y una voz quebrada gritando forzada. “Ese Corregidor de P...”.
1 comentario:
Es notorio que los nativos divergen con la autoridad de policia, en razón de que constriñen su diversión con el afan de salvaguardar sus intereses.
Me esta empezando a gustar EL REAL.
Lic. Anaximandro Mojica
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